Primero el empresario.
Después la empresa.
La empresa y quien la dirige evolucionan juntos. Cuando el empresario toca su techo, la empresa empieza a repetir patrones, decisiones y límites. La jaula no siempre parece una jaula: a veces parece prudencia, experiencia, control o incluso éxito.
El punto de partidaUna historia real de crecimiento, dependencia, cierre y reconstrucción. El momento en que quitar un vinilo de una oficina en Bilbao se convirtió en la imagen exacta de una idea: el negocio reflejaba a quien lo dirigía.